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Turismo en el Paraguay

Museos del Paraguay

Entre los edificios de la ciudad de Asunción, sobre todo los que corresponden a su centro histórico, se destacan no sólo los edificios de la época colonial, sino también los que se hicieron en los siglos XIX y XX. Éste es el caso de la Manzana de la Rivera, que reúne construcciones de diversas épocas y da un ideal del antiguo trazado urbano de Asunción.

El proyecto de la Manzana de la Rivera nació luego de la caída del gobierno de Stroessner, cuando distintas organizaciones comenzaron a trabajar en la recuperación de la ciudad. En este trabajo se incluyó la remodelación de 9 casas en la manzana, que forman parte del Centro Cultural de la ciudad. Cada una de ellas se destina a un fin: auditorios, espacios para muestras de artes visuales, exposiciones, la Videoteca Municipal, la Biblioteca Municipal, la Escuela Taller de Assunción, el Auditorio Ruy Díaz de Guzmán y el Museo Memoria de la Ciudad.

La Casa Viola es una construcción colonial de mediados del siglo XVIII y es el único edificio que queda en pie de los ejemplos de arquitectura estrictamente colonial del Paraguay. Constituye el último vestigio que subsiste del antiguo trazado de Assunción, cuando las calles no tenían la estructura de damero. En esta casa funciona hoy el Museo Memoria de la Ciudad, un collage que cuenta la historia asuncena y reúne objetos, pinturas, textos, mapas, gráficos y antiguas imágenes de la ciudad. En una de las salas, bajo el concepto de Carlos Colombino, se montó una típica habitación de la época colonial en Asunción.

El Centro de Artes Visuales - Museo del Barro


Cerámica de Itá. Julia Isidrez
Museo del Barro
El nombre dado a esta colección de arte tiene que ver con la primera materia de la creación: el barro. Inicialmente congregó obras realizadas por ceramistas de dos localidades del interior del Paraguay: Itá y Tobatí. Posteriormente se agregaron diversas manifestaciones del arte popular, en áreas tan opuestas como tallas religiosas, tejidos, muebles, encajes, imágenes, orfebrería y máscaras. Este núcleo de piezas fue incorporado luego al edificio construido especialmente en Isla de Francia de Asunción, donde ya funcionaba una sala con un acervo de arte conteporáneo paraguayo, otra de exposiciones temporales y un departamento de investigciones.

El Centro de Artes Visuales - Museo del Barro se enriqueció desde 1988 con nuevas salas: la "Capilla Sixtina"de Ricardo Migliorisi y la "Próxima Cena"de Carlos Colombino, una sala de cerámica prehispánica de toda América y dos salas de arte indígena del Paraguay, inaugurados por los reyes de España. Además de introducir algunos representantes del arte de países cercanos (Argentina, Uruguay, Brasil, Perú), la sala Josefina Plá permite realizar exposiciones periódicas de arte popular e urbano.

El Centro alberga también una importante colección de tallas religiosas de las Misiones Jesuíticas y Franciscanas. Su acervo cuenta con una amplia representación de arte gráfico latinoamericano y español, con una colección de 400 grabados de Guadalupe Posada y Manilla (México), una colección de orfebrería en oro y plata del Paraguay desde el siglo XVIII y la colección de 1200 dibujos y grabados de Livio Abramo (Brasil).

Las piezas forman parte de la colección de la Fundación Carlos Colombino Lailla, con las cuales se completa la idea del Museo del Barro. Colombino explicó que "la idea surgió en la época en que el Museo del Barro funcionaba sobre la calle sobre la calle Mariscal Estigarribia, donde se habia instalado una vitrina con una colección de oro y plata. El Museo se había abierto como distintos espectros del arte popular del Paraguay y una de estas ramas correspondía al arte en metal, en este caso el oro y la plata, con sus agregados como el cuarzo, el coral y las piedras preciosas".

Museo Mitológico "Ramón Elías"

A Orillas de la ciudad de Capiatá se encuentra enclavado el Museo Mitógico "Ramón Elías". En la búsqueda por objetos y piezas que tuvieran alguna significación, Ramón Elías conoció y conversó con muchos ancianos que le fueron explicando el origen de cada una de las piezas que encontraba y terminó por internase, así, en un mundo imaginario, fantástico. Elías, con su arte, empezo a esculpir y a dar forma a los personajes fantásticos de las historias de los campesinos y entró al mundo de los mitos, de las historias populares transmitidas de una generación a otra, del lenguaje figurado. Con todos los objetos que juntó y con sus "monstruos", como él los llamaba, erigió su sueño, un espacio que pudiera albergar toda esa historia.

Arte Popular Del Paraguay - Tres Tiempos de una Historia Sola

La Colonia

Apesar de la confluencia de varias etnias en el territorio paraguayo en el momento de la llegada de los espãnoles, la colonización recayó en forma sistemática sobre los guaraníes.

Los guaraníes practicaban originariamente artesanías vinculadas a funciones rituales y utilitarias. Las primeras(las pinturas corporales,el arte plumario y las ligadas a significados mágico-religiosos) fueron erradicadas por el proyecto colonizador por ser consideradas incompatibles con el mismo.Las segundas (la cerámica y los tejidos), reformuladas, fueron aprovechadas para las nuevas funciones coloniales.Estas funciones plantearon, a su vez la incorporación de nuevas técnicas y materiales el surgimiento de artesanías hasta entonces no existentes; la catequesis evangelizadora promovió el desarrolo de toda una artesanía utilizada para el culto (talla en madera, platería, tejidos y encajes, cueros,etc.).

La mano de obra artesanal del indígena se organizó fundamentalmente a través de dos formas: la correspondiente al sistema civil, apoyado por algunas órdenes religiosas (especialmente franciscanas), y las relativas al sistema misionero, manejado por la Compañía de Jesús. La primera, menos rigurosa que la jesuítica, se estableció a través de los talleres de oficio de los pueblos de indios (táva). Allí se le enseñaban al neófito los oficios orientados a satisfacer las necesitades elementales de la Provincia.

Como los talleres jesuíticos eran más organizados en la aplicación del proyecto colonizador,promovían un control más estricto y, consecuentemente, un margen más limitado de criatividad. Por esa razón, a partir de los talleres de los táva se crearon las bases para una expresión propiamente mestiza, surgida al margen de los programas misioneros. Esta marginalidad de la artesanía popular se volvió un rasgo próprio de la misma.

El Período Independiente


Aros de oro y coral
Siglo XIX - Colección Fundación Carlos Colombino Lailla
Es posible que el enclastramiento del país decretado por el dictador José G. Rodríguez de Francia con la finalidad de abastecer la demanda local, haya, provocado el impulso de ciertas manifestaciones artesanales

Provistas de raíces coloniales. Pero durante su gobierno tampoco se contó con una política cultural que promoviese expresiones creativas. Durante los gobiernos de Don Carlos López y de su hijo Francisco Solano López, que ocuparon gran parte de la escena histórica del siglo XIX,se produjo la apertura comercial del PARAGUAY, se impuso la consolidación de un gusto más refinado alimentado de Europa y del Río de La Plata. Aun así, la difusión de los modelos metropolitanos lo llegó a desplazar las artesanías, profundamente arraigadas éstas en la cultura local. Es probable, incluso, que el espíritu de lujo y boato - antes sólo ligado al culto religioso - se desplazara también hasta los usos cotidianos de la clase pudiente criolla. Por ejemplo, la utilización del ñandutí y otros encajes, anteriormente usados como parte del ritual litúrgico, se habría extendido hasta formar parte del ajuar familiar del criollo.

La Guerra de la Triple Alianza (1865-70), librada por la Argentina, el Brasil y el Uruguai en contra del Paraguay, significó una conmoción profunda para la cultura paraguaya.Ciertas artesanías sobrevivieron a la destrucción porque estaban ligadas a funciones utilitarias elementales y referidas a la práctica feminina (ya que casi toda la población masculina adulta fue exterminada por la guerra). Así, la cerámica y los tejidos, tradicionalmente a cargo de mujeres, se reponen más rápidamente y crescen com más fuerza que otras artesanías, como la talla y el forjado de metales, practicados por varones.

Época Actual


Cerámica de Tobati - 1993
Museo del Barro
Es probable que desde comienzos y hasta mediados de este siglo la recuperación del proceso productivo la población (en el que en parte incidieron ciertos movimientos inmigratorios de posguerra) hayan promovido el incremento de aquellas artesanías vinculadas a fines utilitarios.

Especialmente la cerámica y los tejidos, de uso personal y doméstico, debieron haber recibido un nuevo impulso no sólo en cantidad sino también en variedad (nuevos motivos y nuevas técnicas) a partir del desarrolo de las necesidades dentro de patrones aún tradicionales de consumo.

Aproximadamente desde mediados de siglo el avance de la utilización de objetos de consumo industrializados y una aceleración del ritmo de urbanización provocan el debilitamiento de pautas socioculturales campesinas y un gradual y luego acelerado desarrolo de formas de artesanía híbrida, que incorpora nuevos modelos, elementos y técnicas. Pero paralelamente, se va produciendo un fenómeno de valorización y toma de conciencia de la cultura popular por parte de ciertos sectores de artistas e intelectuales, anteriormente mantenidos al margen de cualquier preocupación por la misma. Esta nueva actitud implica de alguna manera la apreciación de los valores estéticos de la artesanía, independientemente de sus funciones utilitarias. La nueva situación provoca una nueva demanda: no se buscan los objetos artesanales para ser usado sino en cuanto se consideran como piezas de coleccion o elementos decorativos. Este hecho, como nuevo factor que incide en la producción de la artesanía popular, presenta riesgos, abre posibilidades y planea nuevos desafíos.

Por un lado, puede concluir a la proliferación del souvenir turístico o a la producción meramente esteticista despegada de sus funciones originales; por otro, abre la posibilidad de que se creen respuestas que enfrenten las nuevas situaciones al margen de las alternativas citadas. De su posición ante estos retos depende en gran parte la suerte del arte popular del Paraguay.

El Legado Guaraní

Todo comenzó com una misión: una misión de jesuitas entre los guaraníes del Paraguay colonial.

Dos padres fueron enviados a las tierras del caciqueArapysandú, hacia el sur del Paraguay; otros dos irían más lejos, alende los saltos del Guairá, hacia tierras que hoy forman parte de Brasil, donde habiá tal vez más de doscientos mil indios repartidos en innumerables aldeas.


Misiones Jesuíticas de Trindad

Era el año de 1609.

Años antes había habido ya misiones itinerantes. Millares de indios habían sido bautizados. Pero esas misiones, en las que el misionero pasaba de una aldea para outra, sin quedarse en ninguna, no dieron ningún resultado; los indios habían recebido un nombre cristiano apenas como señal de haber estado en contato con el español.

Ahora, en 1609, el método seriá otro. Misión, sí, pero por redución.

Redución y reducciones

Reducción es palabra desagradable, que suena a empequeñecimento y disminución. Trae tambiém consigo la sospecha de sujeción y manipulación. La realidad histórica de la reducciónes, de hecho, tan ambigua como su semántica.

En el mundo colonial hispánico del siglo XVI, la reduccuón significaba un proyecto político y civilizador. Se pretendía juntar a los indios en pueblos, pues se consideraba que no podían ser humanos y mucho menos cristianos los indios que vivían desparramados, "esparcidos y sin forma política en los montes y campos".

Lo cierro es, sin embargo, que por detrás de esa formulación humanística, la reducción estaba destinada a integrar a los indios dentro del sistema colonial, colocar su estructura tribal bajo el control del estado y concentrar mano de obra al servicio del encomendero o patrón. La reducción, en muchos casos, comenzaba donde terminaba la conquista por las armas; cuando los recursos militares eran escasos o cuando la capacidad de resistencia indígena se hacía sentir, la reducción fue un medio de pacificación. Juntos, los indios podían ser mejor doctrinados y educados en los nuevos valores éticos del cristianismo y mejor vigilados para que no retornasen a las "idolatrías"pasadas. Todo esto estaba implícito en el proyecto de reducción.


Vista general de las Misiones Jesuíticas de Trindad

Los guaraníes llamados a ser reducidos presentaban, por su parte, una serie de caraterísticas culturales que serían determinantes para la formación de sus reducciones. Aldeanos y horticultores, mostraban una organización social basada en la familia extensa, que propiciaba la participación y ayuda mutua en los trabajos y en las fiestas. La reciprocidad caracterizaba sus intercambios económicos. Era gente de intensa inclinación y experiencia religiosa, expresada en cantos y danzas, en sueños, visiones y discursos proféticos.

Los jesuitas, en fin, se sentían enviados a extender la iglesia católica hasta las últimas fronteras. Para ello, además de una fe profunda alimentada por la oración, contaban con experiencias educativas nuevas y con una visión bastante crítica frente a la injusta explotación colonial.

Y fue a través de este prisma de tres ángulos - Paraguay, guaraníes y jesuitas - que la reducción tomó una coloración específica y diferenciada, y se hizo historia singular.

La redución jesuítica

La reducción de los indios guaraníes por los padres jesuitas se presenta ante todo como una "reducción por el evangelio". Para la época esto significaba que se entró a las tierras indígenas sin escolta armada. La fundación de las reducciones jesuíticas se hizo sin la presencia de los soldados españoles; más aun, se exigió expresamente su apartamiento. La experiencia mostró que la presencia de soldados en la entrada misionera era desastrosa para el relacionamento con los indios como sucedió en algún caso.

Para el jesuita, la misión por reducción es un proyecto global que pretende cristianizar, humanizando. Com una mentalidad sin duda muy etnocéntrica, los jesuitas juzgan que los indios tienen que dejar su modo de ser antiguo y pasar para ano nuevo. Lo que más desean y procuran los jesuitas, al reducir a los todavía "infieles" guaraníes, es su conversión religiosa, y para ello éstos tienen que dejar sus antiguas "supersticiones" y no dejarse llevar por los enganos de sus hechiceros. En substitución se le predica una doctrina nueva y se les induce a participar de nuevos ritos litúrgicos y cerimonias en templos espaciosos, adornados con pinturas e imágenes de santos a profusión. Es la religión católica con sus expresiones artísticas de la Europa del siglo XVII . Es introducida en gran estilo la música barroca, tanto la española como la centro-europea.

Pero no todo lo indígena fue igualmente considerado negativo. La lengua guaraní fue asumida, admirada, conservada y estudiada com fervor y entusiasmo. Los jesuitas la redujeron a gramática, la registraron en ricos y detallados diccionarios y suscitaron obras literarias de considerable valor. Es cierto que la lengua guaraní reducida mudaba la forma y el contenido de su discurso religioso; en otras palabras, la "poesiía" guaraní tradicional y el relato mítico probablemente se perdieron por carencia de sustentación socio-religiosa. La sociedad reducida había adoptado otro lenguage y hasta resultaba otra lengua: la lengua guaraní de las reducciones. Se creaba de este modo una lengua, a la vez indígena, cristiana y colonial.

Pero tal vez lo más importante fue que los jesuitas no indujeron a los indios a regirse por una economia de mercado colonial. La economía de reciprocidad, esencial para el sistema tribal, sufrió una nueva refurmulación, pero no fue eliminada; trabajo en comun y distribuición igualitaria de los productos, así como aplicación de excedentes que incrementaban la calidad de vida de la comunidad, fueron una práctica común durante todo el período de las reducciones jesuíticas. Ni colectivismo ni comunismo, sino una amplia y profunda solidaridad. Aun así, los pueblos misioneros, como conjunto, entraron competitivamente en la economía de mercado regional al comercial, a través de los jesuitas, sus productos: yerba mate, cueros, tejidos, algo de artesanía ... . Las reducciones jesuíticas, pues, no sólo habián salvaguardado la mano de obra indígena del servicio a los colonos, sino que además influenciaban decididamente el comercio con sus productos.

Las reducciones en el Paraguay colonial


Talla Jesuítica
Las reducciones eran ante todo misiones que procuraban la conversión de los indios a la fe cristiana, mediante la enseñanza de la doctrina católica y la práctica de nuevas costumbres. Pero el número considerable de indios en ellas reunidos, com lo que esto suponía de mano de obra retirada de la explotación colonial, les confería una importancia económica y política decisivas. Poco a poco se manifestó el dilema entre dos términos irreconciliables: o indio esclavizado o indio reducido.

Efectivamente: el indio que entraba en las reducciones jesuíticas quedaba libre del servicio personal al español, un servicio que tantas muertes habia provocado por los maltratos que eran infligidos. Los jesuitas, al convidar a los indios a reducirse, solían prometerles que se verían libres del tan temido servicio personal.


Talla Jesuítica

Era de esperar que la sociedad española de la región nunca perdonaría a los jesuitas la creación de ese espacio de libertad, que hacia innecesaria e indeseable la presencia de los colonos entre los indios.

Ya en los primeros años se manisfestó la oposición entre colonos y jesuitas. Las relaciones entre las ciudadesn de españoles espacialmente Asunción, y los jesuitas siempre fueron tensas y en ciertos períodos francamente hostiles. Hay que reconecer que los jesuitas consiguiron una posicíon privilegiada, aprovechando la legislación del Estado que les favorecía y tambíén la fuerza económica que resultaba de un comercio sólido que se desarrollaba con pocos intermediarios. La rabia de los colonos y encomenderos frustados contra los jesuitas estalló tan incontrolada que cuatro veces los expulsaron del colegio de Asunción, ya que no podían retirarlos de las reducciones.

Las reducciones y los bandeirantes

La violencia colonial contra las reducciones de indios guaraníes se haría sentir de un modo más agresivo, sin embargo, cuando los bandeirantes salidos de la villa de São Paulo atacaron las reducciones para agarrar a los indios y llevárselos como esclavos. Las Bandeiras eran expediciones – tanto de origen oficial como de iniciativa privada – que entraban tierra adentro en busca de riquezas. Aprisionar indios y venderlos como esclavos era, en la primera mitad del siglo XVIII, un negocio bastante lucrativo. Al principio, la caza al indio se restringía a los indios todavia "paganos" que vivían en sus aldeas – icomo si esto fuese atenuante ! Los vecinos españoles colaboraron no pocas veces a este infame comercio, vendiendo indios que estaban bajo su dominio.

El "bandeirantismo de apresamiento", es decir, aquel que tenía como principal móvil la caza del indio, había comenzado ya por los años 1585. Pero fue sobre todo a partir de 1607 que esse tipo de Bandeiras se intensificó. Fue por esos tiempos, entre 1610 y 1628, cuando numerosos guaraníes entraban en las reducciones del Guaíra. Fueron ellas pues, la presa más tentadora. ? Para qué buscar lejos y a la ventura lo que qué estaba cerca y bién localizado? ? No estaban ahí las reducciones donde los jesuitas ya tenían reunidos a los indios ? ? No eran estos guaraníes tan indios como otros para ser cazados y esclavizados ?

Frente a esta situación de ataques tan inhumanos y destructores, los jesuitas consideraron necesario que los indios pudieran defenderse com armas de fuego recurso este que les estaba prohibido por la legislación española. Com este objetivo, el padre Antonio Ruiz de Montoya fue enviado a la corte de Madrid en 1638. Ahí escribó varios"memoriales" y tambiém la Conquista Espiritual, en que describía com varios detalles y no sin indignación los atropellos de los paulistas. Montoya consiguió fundamentalmente lo que pretendía y se concedió los indios el uso de las armas de fuego.

Esta estructura militar como tantas otras estructuras coloniales, tuvo tambiém las reducciones un doble y ambiguo sentido. Por una parte, aseguró y fortaleció la defensa de las reducciones frente a los ataques bandeirantes, pero también introdujo entre los indios una estructura militar al servicio del Estado español en America, que afectaba seriamente la vida de los pueblos.

El ejército guaraní fue llamado com frequencia para dominar ls revoluciones de los españoles del Paraguay, oligarcas y encomenderos. La estructura y el ejército militar no se estabelecieron empunemente en las reducciones.

Las reducciones y sus 30 pueblos

Sin los ataques paulistas, ya dominados, y sin intreferencia de los colonos españoles, las reducciones jesuíticas de Paraguay entraron en una fase de franca consolidación y relativa tranquilidade. Los pueblos, después de dolorosas transmigraciones para alejarse del peligro pauista, encontraron su unbicación definitiva. Con los años, algunos pueblos de elevada densidad demográfica se dividieron y dieron orifen a nuevos pueblos. Desde 1687 fueron estabelecidos siete pueblos en la margen oriental del Uruguay, de donde habián salido unos concuenta años bajo la amenanza bamdeirante. De este modo, com la fundación, en 1707, del pueblo de Santo Ángel, se completó el número de los Treinta Pueblos. Los pueblos se desarrollaban com un bienestar y una prosperidad que suscitaban admiración y envidia, alabanzas y detracciones, simultáneamente.

Cartas y otros escritos de los jesuitas, así como informes de las visitas hechas por gobernadores y obispos, difundían una imagen cada vez más asombrosa. Las reducciones se volvián un lugar de utopia: los indios llevaban una vida cristiana perfecta y habián alcanzado un desarróllo económico y cultural muy superior al de los colonos españoles de la región.


Virgen del Rosário - Talla Jesuítica del Siglo XVIII

La visió de las reducciones del Paraguay como utopia estará siempre presente en la literatura de la época que trata de tal tema. Las reducciones serían la realización histórica y visibe de la utopía de Tomás Moro, de la ciudad del Sol de Campanella e, incluso, de la República de Platón; el ideal se habia vuelto realidad en las selvas del Paraguay, y no com personas de élite, sino com indios guaraníes. La sociedad, al fin, se confundiá com la misma idea de Estado. El triunfo de la humanidad, como llegaría a afirmar Voltaire.

La reduccíon, como modelo y sistema social, siempre fue mantenida por los jesuitas en sus misiones com los guaraníes, com quienes estaba dando resultados singulares. Los pueblos guaraníes fueron construidos conforme a un plano uniforme que permaneció casi sin modificaciones a través de los años. Los materiales de construcción – paredes de cañas revestidas de barros, de adobe o piedra – variaban, como eran diversos los trazos arquitectónicos de las iglesias, del "Colégio" de los padres o de las casas de los indios. Lo que no variaba fundamentalmente era el plano urbanístico.

Las ruinas de esos pueblos, cuando no han sido definitivamente sepultadas debajo de ciudades modernas sobre ellas, excitan hoy la imaginación del visitante. De hecho impresiona veer surgir en un campo o en el interior de la selva los altos muros de una iglesia barroca com sus floridos adornos, sus frisos y cornisa. Y adivinar en el suelo la disposición regular de los rectángulos de las casas de los indios; un orden urbanístico que se quería espejo y matriz de un orden social, moral y religioso. Templo y plaza eran el centro de la vida del indio reducido.

Pero la reducción de aldea guaraní a pueblo misionero no era sino la expresión y presuposición de otras reducciones.

La lengua guaraní, el arte plástica, la organización política y social, las formas de la vida religiosa, el canto, la danza, pero también el trabajo, la agricultura, las actividades de colecta de frutos silvestres, la caza y hasta la guerra, todo fue reducido. Esto quiere decir que se operaba a partir de la substancia, de la materia, de las condiciones que ofrecía el indio guarani, pero todo ello debía ser transformado. Este proyecto era consciente en los jesuitas y, all parecer, también en la cabeza de muchos guaraníes. Así lo entendieron no pocos guaraníes y se opusieron a la reducción; la mayoria, sin embargo, la adoptó, se puede decir qua la hizo suya, y hasta la defendió como tradición propia, cuando la sinteron amenazada; hubo algunos guaraníes, en fin, que mantuvieron, si bien clandestinamente, una vida doble, formando parte de la reducción, pero praticando costumbres antiguas, sobre todo en el terreno de las curas mágicas y ritos funerarios.

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Virgen de la Concepción
Talla Franciscana del Siglo XVIII
Museo de Barro
En 150 años de proceso reduccional, los cambios operados en el pueblo guaraní fueron amplios y profundos. No hubo prácticamente ningún sector de la vida que nos fuese tocado y reformulado. Los resultados estaban ahí: pueblos bien trazados, iglesias magníficas, esculturas admirables, libros en lengua guaraní... Son los restos que han desafiado el tiempo y nos llegan como testimonio de un nuevo modo de ser.

Para quienes piensan que los guaraníes estaban en la barbarie, como lo pensaban los europeos hasta el siglo XX, las reducciones probarían la capacidad e inteligencia del indio para alcanzar y asimilar la civilización europea. Y en este sentido las reducciones son una realización histórica enviable que tiene mucho para mostrar y ser visto.

Pero está también la reducción como negación o substitución del modo de ser del guaraní precolonial. Y aquí hay que reconocer que la misión por reducción era un proyecto por lo menos peligroso. No porque anunciara una fe nueva, sino porque proponía e imponía la entrada de esa sociedad en un Estado cuyo sistema contradecía radicalmente lo esencial de la vida indígena: la reprocidad y la solidariedad. Tarde o temprano, los guaraníes de las reducciones sucumbrirían a la máquina del Estado, un Estado como el español e portugués, esencialmente mercantil.

Las reducciones reducidas

La fuerza de las reducciones jesuíticas y su esplendor incubaban su flaqueza y su ocaso. Era una utopía - una utopía imperdonable - formar parte de un Estado colonial y pensar que se podría indefinidamente regir por sus principios éticos y jurídicos, manteniendo fuera a los intereses coloniales concretos. Las reducciones jesuíticas del Paraguay, si en realidad eran utopía, no podían tener lugar; sólo una confianza ingenua en las leyes del Estado español y un renovado fervor religioso habían podido mantener aquella forma de vida, en la que, sin negar los principios mismos de la dominación colonial, se habiá conseguido eliminar los abusos y mitigar las violencias.

El golpe contra las reducciones vino de donde no se esperaba, pero de donde sólo podía venir: del rey, el patrono del Estado colonial.

El terreno, desde hacía años, se estaba abonando con rumores y acusaciones ideológicas muy conducentes. Los 30 pueblos de guaraníes no eran sino un reino jesuítico, un Estado dentro del Estado.

La centella que hizo arder aquel montón de contradicciones y ambigüedades que se habían acumulado con los años fue el tratado de Madrid, de 1750. Siete pueblos, precisamente los más recientes y entre los más dinámicos, eran cedidos a la Corona de Portugal en cambio de la Colonia de Sacramento. Nilos jesuitas ni los guaraníes estaban preparados para un golpe político de esa envergadura. Revoltados, sintiéndose traicionados por la Corona, a la que tantos servicios habían prestado, y desconfiando incluso de los jesuitas, los guaraníes se opusieron con armas a la entrada de las tropas españolas y portuguesas que invadían lo que ellos consideraban su tierra. Los guaraníes fueron derrotados y humillados. La llamada Guerra Guaranítica, terminada en 1756, dejó desmoralizados a los indios y a los jesuitas. El Estado colonial manifestaba de este modo que no permitía ilusiones de utopía en su seno y que no había campo para alternativas que discutieran el sistema económico y político del colonialismo.

Dentro del mismo proceso histórico llegó, en 1767, el extrañamiento de los jesuitas de todos los dominios de la Corona española. En 1768 los jesuitas, todos ellos, tuvieron que salir de los pueblos del Paraguay. De poco valieron las protestas de los guaraníes para conservar consigo a "sus padres". Con la salida de los jesuitas, el fin de las reducciones estaba decretado. Las reducciones podían, en fin, una vez alejados los jesuitas, ser manejadas según los intereses económicos de la sociedad española local. Los indios, sus bienes y sus recursos caían en manos de patronos que se apoderaron de todos los beneficios, especialmente ganaderos.

Comenzaba el ciclo de las ruinas que hoy se visitan con los más encontrados sentimientos: nostalgia de un paraíso perdido o escenario de un crimen que todos los agentes del Estado colonial perpetraron tan impunemente contra una nación indígena como los guaraníes. Reviven como un espetáculo de luz y sonido las ruinas de las misiones, pero los indios ya no los hay.

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